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El liderazgo también se aprende diciendo “no”

Foto del escritor: pharoconsultora
pharoconsultora
9 jun
1 min de lectura

Durante mucho tiempo creí que liderar era estar disponible para todo.


Para cada reunión.

Para cada urgencia.

Para cada idea nueva que aparecía.


Decir que sí se sentía como compromiso.


Sí al nuevo proyecto.

Sí al cliente.

Sí a la iniciativa.

Sí a resolver un problema más.


Hasta que un día me di cuenta de algo:


La mayoría de mis problemas no venían de las cosas que hacía.


Venían de las cosas que aceptaba.


Porque cada nuevo sí agregaba complejidad.

Más seguimiento.

Más prioridades.

Más decisiones.


Y como líder, empecé a notar algo curioso:


Mientras más cosas incorporábamos, menos foco teníamos.


El equipo trabajaba mucho.

Pero avanzaba poco.


No por falta de capacidad.


Por exceso de frentes abiertos.


Ahí entendí que una parte importante del liderazgo no consiste en sumar.


Consiste en elegir.


Elegir qué hacer.

Pero también qué no hacer.


Qué proyecto esperar.

Qué reunión cancelar.

Qué iniciativa no es prioritaria hoy.


Porque los recursos siempre son limitados:


Tiempo.

Energía.

Atención.


Y cuando todo es prioridad, nada lo es.


Con los años aprendí que decir “no” no es una señal de falta de compromiso.


Muchas veces es exactamente lo contrario.


Es proteger aquello que realmente importa.


Es cuidar el foco del equipo.


Es evitar que la organización se disperse.


Hoy sigo buscando oportunidades.

Sigo impulsando cambios.


Pero intento recordar algo simple:


Cada vez que digo sí a algo, también estoy diciendo no a otra cosa.


Y liderar, muchas veces, consiste en elegir conscientemente dónde poner esa energía.

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