Empezar antes de sentirse listo: lo que estoy aprendiendo en mi camino hacia el coaching ejecutivo

Hace poco empecé un nuevo desafío profesional: mi certificación en Coaching Ejecutivo.
Y si soy sincera, empecé con muchas dudas.
¿Voy a saber qué preguntar?
¿Voy a poder acompañar realmente a otra persona?
¿Voy a estar a la altura?
¿Y si me quedo sin palabras?
Creo que muchas de esas preguntas aparecen cuando hacemos algo por primera vez y realmente nos importa hacerlo bien.
Al principio, esas inseguridades estaban bastante presentes.
Pero pasó algo mientras avanzaba con la formación.
Empecé a estudiar.
A practicar.
A escuchar.
A equivocarme.
A volver a intentarlo.
Y, poco a poco, esas dudas empezaron a ocupar menos espacio.
No porque desaparecieran por completo.
Sino porque empezó a aparecer algo más fuerte:
experiencia.
Y esto me hizo pensar mucho en el liderazgo.
Muchas veces esperamos que un líder tenga seguridad desde el primer día.
Que sepa cómo manejar una conversación difícil.
Que pueda tomar decisiones complejas.
Que tenga respuestas.
Pero nadie empieza sabiendo liderar.
Se aprende haciendo.
Probando.
Equivocándose.
Acertando.
Pidiendo feedback.
Y volviendo a probar.
Creo que eso es justamente lo que estoy empezando a entender del coaching ejecutivo.
No se trata de tener todas las respuestas para otra persona.
Se trata de generar el espacio para que esa persona pueda encontrar las propias.
Y para poder acompañar ese proceso, primero también tengo que transitar el mío.
Por eso decidí compartir este camino.
Porque detrás de una certificación hay mucho más que clases y herramientas.
Hay preguntas.
Hay práctica.
Hay inseguridades.
Hay aprendizajes.
Y, sobre todo, hay transformación.
Todavía estoy empezando.
Pero quizás de eso se trate.
No esperar a sentirse completamente listo para empezar a crecer.



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